Bueno, a tenor del lío montado por mi crítica de
“Gastón Leroux o el espectro de París” (que entre todos habéis conseguido que sea un éxito de “audiencia”, por cierto) me veo obligada a escribir otro post aunque sea para desaturar la cantidad de mensajes que siguen apareciendo, los últimos dedicados a que algunos grupos se tiren los trastos a la cabeza. Podeís seguir haciéndolo en este si eso os seduce.
Parece que la mayoría de damnificados por mis críticas llevan especialmente mal eso de mi anonimato. No lo entiendo. ¿Ha leído alguien alguna vez la sección de críticas de cualquier revista especializada en cine, música o teatro? No es nada extraño que los críticos escriban en ellas con un seudónimo.
Así, escribe en mi blog una señora o señorita, me pone a parir a raiz de mi última crítica y me acusa por mi anonimato. Y ella dice que da la cara porque da su nombre de pila y su e-mail.
En cambio yo he puesto varias veces mi e-mail particular, (del cual se puede deducir fácilmente mi nombre) y soy una cobarde por que me escondo.
¿Qué quiere la gente? ¿Una fotografía mía firmada? ¿Mi número de DNI y el de la seguridad social? ¿Mi teléfono particular o el de mi lugar de trabajo? Sinceramente, no lo entiendo. Ya hay varios que me han escrito, unos para insultarme, otros para animarme, a todos les he contestado cortésmente; con algunos incluso he iniciado una incipiente correspondencia. ¿Qué queréis? ¿Qué cuando llegue al Gran Teatro me ponga un cartel? Pues lo siento, eso no va conmigo.
Vamos, hasta hay gente que me ha dicho que si no me doy a conocer no hablarán más conmigo. Que bonito.
Soy sencillamente una espectadora que ama este noble arte simplemente como eso,
COMO ESPECTADORA y que disfruta dando a conocer sus opiniones en un blog, sin más pretensiones. ¿Tanto cuesta de entender? Si hay algo que no me apetece en absoluto es ir con mis amistades al teatro y que la gente me mire. Que sepan que soy Lengua Bífida; tener a todos pendientes de mis reacciones para intentar adivinar si mi crítica va a ser después buena o mala. Habrá gente que este tipo de notoriedad les agrade. A mí no. Soy tímida, ¿qué se le va a hacer? Y sin embargo se me acusa precisamente de lo contrario, de buscar notoriedad, de mirarme el ombligo. Sigo sin entender nada.
Debe de ser aquello de
“Cree el ladrón…”. Va a ser verdad que el mundillo teatral está plagado de gente que no busca sino la notoriedad, el salir en la prensa, en los foros, que aprovechan cualquier oportunidad o excusa para promocionarse a sí mismos… Muy bien, me parece estupendo. No lo juzgo. Yo simplemente quiero que comprendan que
NO TODOS SOMOS ASÍ.
Ya está bien. Basta que haga una crítica para que una legión me acuse de pertenecer a tal o cual grupo, de tener tal o cual interés, de ser una paleta o una intelectualoide, de estar llena de envidia, o de odio, o de rencor o de no mantener relaciones sexuales con la debida frecuencia… Argumentos demasiado simplistas, creo yo. En realidad estas gentes no quieren saber mi nombre y apellidos, quieren tener la certeza de que no pertenezco a otro grupo afin o contrario (por que si algo me ha quedado claro de todo esto es que existen bastantes rivalidades entre vosotros). Es más fácil pensar en la teoria de la conspiración que hacer autocrítica y reconocer que el espectáculo no estaba todo lo bien que podía haber estado. Y no entienden que alguien
QUE NO PERTENECE NI DE LEJOS A NINGÚN COLECTIVO TEATRAL gaste el trabajo de dar su opinión personal sin segundas intenciones. Y claro, lo que no se entiende o desconoce tiende a dar miedo. Y claro, lo que provoca miedo es susceptible de ser atacado.
Pretendo desinteresadamente hablar poco a poco de los grupos de la ciudad y sólo recibo, en el mejor de los casos, que me ignoren. Lo respeto, auque no lo he llegado a entender todavía. Bueno, digo en el mejor de los casos por que hay quienes, después de interesarme personalmente por su agrupación, poniéndome en contacto con ellos, me han dicho tranquilamente que mi blog no lo encuentran nada interesante. Pero me consta que lo visitan. Gracias, muy cortés por vuestra parte. Otros directamente me dicen que les da asco. Genial. No lo entiendo. O, como digo, hay quienes pretenden hacerme el chantaje de que les diga quien soy porque si no no sueltan prenda. Estan todos en su derecho, no digo que no. Es sencillamente que me ruborizo al pensar lo ingenua que he sido. Creía meterme en un jardin algo menos desprejuiciado, donde se agradecería mi interés por intentar promocionar el teatro local. Y a cambio ya llevo unos cuantos perdigonazos en mis posaderas.
Cuando uno se dedica al teatro está expuesto al público y, por tanto, a sus críticas. Y debéis aprender a aceptarlas, siempre que estas estén razonadas y no acudan a la descalificación personal. Creía tratar con espíritus nobles y sensibles y parece que me he topado con una panda de marujonas (con perdon para estas). Que razón tenía quien me dijo que no sabía en el jardin donde me metía cuando le expuse mi idea de crear este blog.
Pero lo siento mucho por mis detractores. Por aquellos a quienes les da asco mi blog o sencillamente no les interesa (pero lo visitan). No se ha perdido ni un ápice de mi entusiasmo. Voy a seguir exponiendo mis opiniones, razonadas y lo más objetivas posible ya que siempre son entendidas desde mi propia realidad y gusto, y ya se sabe que no hay dos sensibilidades iguales. Y no me achico lo más mínimo por que afortunadamente todavía creo que hay mucha gente, entre vosotros, que ama desinteresadamente el teatro e incluso agradecen una visión desprejuiciada de su trabajo aunque a veces esta sea negativa. Allá aquellos que dicen que les resbala las opiniones de los demás. Poco evolucionarán si no son capaces de escuchar a su público (que va más allá de los amigos inmediatos o de nuestras tías y primos). No nos engañemos. Un verdadero artista (pintor, escritor, actor…) no crea para si mismo sino para un público receptivo. Todo lo demás son milongas.
Hay quien me dirá:
“tú también debes estar expuesta a recibir críticas por tus críticas”. Tenéis razón. Y por ello quiero dar gracias a todos aquellos que (estén de acuerdo conmigo o no) siempre me han tratado con educación, como me gusta tratar a mí. Por que insisto, mis criticas solo parten de mi percepción del espectáculo. Que nadie vuelva a meterme en extrañas conspiraciones de la que no tengo (ni quiero tener) nada que ver. Visto lo visto prefiro seguir conociéndoos desde mi butaca. Todavía no he llamado a nadie mediocre, “pseudointelectual”, patético, mentiroso, resentido, egocéntrico, envidioso y así hasta un sin fin de epitetos que se me han dedicado en mi blog (¡y pretendia ser yo la políticamente incorrecta!). Yo creo sinceramente, a pesar de los últimos acontecimientos, que en este mundillo en Elche hay sitio para algo más que envidias y malos rollos.
Con algunos he tenido diferencias en cuanto a la percepción de un mismo espectáculo; eso me gusta. El arte no entiende de matemáticas ni otras ciencias exactas. Incluso algunos de esos comentarios sirven para replantearme mis propios argumentos ante otra opinión diferente a la mía. A lo mejor vuelvo a pecar de ingenua pero no me apresuraré a pensar que esa opinión es de mi ex-amante, o de su novia, que la mueve el rencor, la pasión más desaforada o la madre que lo parió
Yo, mientras se deciden a destapar de nuevo mi supuesta verdadera personalidad (que estoy deseando conocer), ya estoy pensando a qué o quien dedicaré mi siguiente crítica. No sé si esta será buena o mala; pero lo que os puedo asegurar es que será para alguien que merezca que le dedique mi tiempo, mi esfuerzo y mi mordisco venenoso...