
La semana pasada, del 18 al 23 de Junio, se celebró en el Gran Teatro la X Muestra de Teatro en Enseñanzas Medias, donde participó una variada representación de los institutos de nuestra ciudad. Aunque he de confesar que me da pereza este tipo de eventos me obligué a mi misma a acercarme al teatro y ver algunos de los trabajos que los alumnos ofrecieron durante estos días.
Desgraciadamente, por mi horario, sólo pude asistir a las representaciones que se realizaron a las 22.30. La hora es algo intempestiva para ser la mayoría de funciones entre semana pero como el tiempo ya invita a no quedarte en casa decidí dejarme caer durante estos días antes de que el vacío cultural se apodere de los meses de verano.
No toca aquí hacer una crítica al uso de los distintos trabajos que tuve la ocasión de ver. Todos ellos dignos, todos ellos fruto del esfuerzo de unos jóvenes que deciden emplear su tiempo libre en un arte tan maravilloso como es el teatro, una de mis más grandes pasiones. Y como además se atreven a subir a un escenario, algo que a mí siempre me ha resultado digno de admiración, pues mi doble enhorabuena.
Esta semana hemos tenido, gracias a ellos, la oportunidad de conocer obras de autores como García Lorca, Plauto, Arrabal, Arniches, Alfred Jarry…
Como digo, todos ellos trabajos dignos, hechos con ilusión y seguro que con sus dosis de esfuerzo. Que gran obra de la dramaturgia moderna es ese “Ubú Rey” propuesto por el grupo de la UMH dirigido por Garzón. Siempre un placer revisitar esa parábola anti-militarista que es “Pic-Nic” de Arrabal (aunque el montaje estuvo plagado de “complicaciones” técnicas) que puso en escena “Sahara” del I.E.S Sixto Marco y disfrutar del oficio que demostró el grupo de La Torreta con una obra de Berbell o el entusiasmo de el grupo del I.E.S La Asunción con su particular parodia de las tragedias griegas.
No obstante, echando una mirada retrospectiva a lo que tuve la oportunidad de ver durante la semana no pude evitar hacerme la siguiente reflexión: ¿Eso es todo lo que se puede hacer para promocionar el teatro entre los estudiantes de Secundaria por parte de todos los responsables de la Muestra (organización, políticos, educadores…)? ¿Es esto todo lo que se merecen aquellos estudiantes que deciden ajustar sus ya apretadas agendas poniendo en escena un espectáculo teatral? Creo sinceramente que no. Y de ahí que hay decidido hacer una serie de reflexiones (o recomendaciones, como prefiráis llamarlo) dirigidas a los responsables de este tipo de actividades:
En primer lugar, a los organizadores les diría que visto desde fuera me pareció que había tanta falta de cariño en la concepción y realización de la Muestra que mis sentimi
entos eran más lastimeros que otra cosa. Ni siquiera tuve la oportunidad de hacerme con un folleto de la programación de la semana (aun me pregunto donde los tenían escondidos) y tenía que aprenderme de un día para otro lo que iban a hacer gracias a una rápida mirada del cartel colocado en la Marquesina (un acierto por parte de la organización, esto de poner algún que otro cartel). La exposición del hall del teatro se me antojó insuficiente, limitándose a una sucesión de fotos y carteles que no nos decían nada a los ajenos a dicha Mostra; una exposición cargada de autosuficiencia y poco espíritu crítico hacia, como digo, aquellos que deberían hacer más para que el teatro estuviera más presente entre los jóvenes: instituciones, medios de comunicación, educadores…
En cuanto a los políticos les advertiría que se hecha en falta ver la presencia de algún responsable político en ALGUNA de las representaciones. Pero no nos engañemos; esos señores y señoras sólo acompañan a la cultura en cualquiera de sus expresiones cuando está la cámara de un periodista cerca. En realidad poco les importa lo que hagan o dejen de hacer un puñado de estudiantes. La cultura no da votos. “La clase dirigente” se me antoja bastante analfabeta culturalmente y en esta ciudad sólo parecen asistir para ver a los consagrados (ahí se aseguran un buen número de cámaras alrededor) o para ver el Misteri, eso sí, siempre que venga alguna autoridad de fuera. Supongo que estarían el día de clausura para entregar los consabidos trofeos. No lo sé. Cuando acabó la representación he de confesar que salí a cenar sin quedarme a dicha entrega. Esos actos me suelen producir indignación y sueño a partes iguales… Suelen ser actos estirados, burgueses y cargados, una vez más de autocomplacencia. Afortunadamente, soy optimista y creo que la gente va despertando. Que se rebela contra la idea de tratarnos como borregos en materia de cultura, urbanismo, sanidad, etc… de darnos coba una vez cada 4 años para después hacer lo que les venga en gana con ese cheque en blanco de una m
anera casi feudal. Los datos lo atestiguan: cada vez más abstenciones. Deberían plantearse los políticos una mayor cercanía hacia los jóvenes, máxime en una materia tan cargada de sensibilidad como es la cultura. Que piensen, si eso les ayuda a motivarse, que van a ser los votantes del futuro.
Por último, a los educadores (monitores, directores de los centros, padres de alumnos, etc…) les exigiría que se preocupen por el nivel de rigor en los trabajos que sus estudiantes van a mostrar. El teatro es algo más que soltar a unos pobres muchachos sobre un escenario para que vomiten de una manera mecánica un texto ante un auditorio de padres y madres complacientes. Hay algo más. No me vale tratarlos como seres anormales que apenas serian capaces de hacer un trabajo digno y de calidad por el simple hecho de ser adolescentes. Y no diría esto si no me hubiera (una vez más) sorprendido el trabajo que mostraron los actores del grupo “Oscar Martín” del I. E. S Carrús el viernes noche. Es increíble lo de estos púberes. Como fueron capaces de transformar un texto de un autor nada estimulante a priori (al menos para mí) como es Carlos Arniches, en un espectáculo lleno de color, de vida. Esos muchachos me ofrecieron con "El amigo Melquiades" la hora y media más agradable del día y eso tengo que agradecérselo. Ignoro de quien fue el mérito; si del apoyo del centro, si del interés de la Asociación de Padres, si de su director… probablemente una combinación de todas. Del talento y el trabajo de los muchachos desde luego. Mi enhorabuena a todos ellos porque nos demostraron además que se puede hacer algo más. Que basta con creer en ellos y no tratarlos como “seres a medio hacer”.
Valgan estas reflexiones ahora que, por primera vez entra aire fresco en el Instituto Municipal de Cultura. Ahora que cambian de manos la gestión cultural de nuestra ciudad con lo supone de ganas de renovación, entusiasmo de la gente que entra y buenas intenciones, al menos durante los primeros meses. Quizá alguno de esos dirigentes tome buena nota de estas reflexiones y se plantee hacer algo al respecto. Quizá alguno caiga en el hecho de que el verdadero premio para un muchacho no es una placa o un trofeo sino el derecho de hacer las cosas en condiciones, con educadores preparados para ello, con el apoyo de sus centros y el verdadero reconocimiento de unos políticos que vayan allí para algo más que para hacerse la foto. A este respecto si que tengo que añadir, con todo el desencanto de mi corazón que me encuentro en el grupo de los pesimistas.
Desgraciadamente, por mi horario, sólo pude asistir a las representaciones que se realizaron a las 22.30. La hora es algo intempestiva para ser la mayoría de funciones entre semana pero como el tiempo ya invita a no quedarte en casa decidí dejarme caer durante estos días antes de que el vacío cultural se apodere de los meses de verano.
No toca aquí hacer una crítica al uso de los distintos trabajos que tuve la ocasión de ver. Todos ellos dignos, todos ellos fruto del esfuerzo de unos jóvenes que deciden emplear su tiempo libre en un arte tan maravilloso como es el teatro, una de mis más grandes pasiones. Y como además se atreven a subir a un escenario, algo que a mí siempre me ha resultado digno de admiración, pues mi doble enhorabuena.
Esta semana hemos tenido, gracias a ellos, la oportunidad de conocer obras de autores como García Lorca, Plauto, Arrabal, Arniches, Alfred Jarry…
Como digo, todos ellos trabajos dignos, hechos con ilusión y seguro que con sus dosis de esfuerzo. Que gran obra de la dramaturgia moderna es ese “Ubú Rey” propuesto por el grupo de la UMH dirigido por Garzón. Siempre un placer revisitar esa parábola anti-militarista que es “Pic-Nic” de Arrabal (aunque el montaje estuvo plagado de “complicaciones” técnicas) que puso en escena “Sahara” del I.E.S Sixto Marco y disfrutar del oficio que demostró el grupo de La Torreta con una obra de Berbell o el entusiasmo de el grupo del I.E.S La Asunción con su particular parodia de las tragedias griegas.
No obstante, echando una mirada retrospectiva a lo que tuve la oportunidad de ver durante la semana no pude evitar hacerme la siguiente reflexión: ¿Eso es todo lo que se puede hacer para promocionar el teatro entre los estudiantes de Secundaria por parte de todos los responsables de la Muestra (organización, políticos, educadores…)? ¿Es esto todo lo que se merecen aquellos estudiantes que deciden ajustar sus ya apretadas agendas poniendo en escena un espectáculo teatral? Creo sinceramente que no. Y de ahí que hay decidido hacer una serie de reflexiones (o recomendaciones, como prefiráis llamarlo) dirigidas a los responsables de este tipo de actividades:
En primer lugar, a los organizadores les diría que visto desde fuera me pareció que había tanta falta de cariño en la concepción y realización de la Muestra que mis sentimi

En cuanto a los políticos les advertiría que se hecha en falta ver la presencia de algún responsable político en ALGUNA de las representaciones. Pero no nos engañemos; esos señores y señoras sólo acompañan a la cultura en cualquiera de sus expresiones cuando está la cámara de un periodista cerca. En realidad poco les importa lo que hagan o dejen de hacer un puñado de estudiantes. La cultura no da votos. “La clase dirigente” se me antoja bastante analfabeta culturalmente y en esta ciudad sólo parecen asistir para ver a los consagrados (ahí se aseguran un buen número de cámaras alrededor) o para ver el Misteri, eso sí, siempre que venga alguna autoridad de fuera. Supongo que estarían el día de clausura para entregar los consabidos trofeos. No lo sé. Cuando acabó la representación he de confesar que salí a cenar sin quedarme a dicha entrega. Esos actos me suelen producir indignación y sueño a partes iguales… Suelen ser actos estirados, burgueses y cargados, una vez más de autocomplacencia. Afortunadamente, soy optimista y creo que la gente va despertando. Que se rebela contra la idea de tratarnos como borregos en materia de cultura, urbanismo, sanidad, etc… de darnos coba una vez cada 4 años para después hacer lo que les venga en gana con ese cheque en blanco de una m

Por último, a los educadores (monitores, directores de los centros, padres de alumnos, etc…) les exigiría que se preocupen por el nivel de rigor en los trabajos que sus estudiantes van a mostrar. El teatro es algo más que soltar a unos pobres muchachos sobre un escenario para que vomiten de una manera mecánica un texto ante un auditorio de padres y madres complacientes. Hay algo más. No me vale tratarlos como seres anormales que apenas serian capaces de hacer un trabajo digno y de calidad por el simple hecho de ser adolescentes. Y no diría esto si no me hubiera (una vez más) sorprendido el trabajo que mostraron los actores del grupo “Oscar Martín” del I. E. S Carrús el viernes noche. Es increíble lo de estos púberes. Como fueron capaces de transformar un texto de un autor nada estimulante a priori (al menos para mí) como es Carlos Arniches, en un espectáculo lleno de color, de vida. Esos muchachos me ofrecieron con "El amigo Melquiades" la hora y media más agradable del día y eso tengo que agradecérselo. Ignoro de quien fue el mérito; si del apoyo del centro, si del interés de la Asociación de Padres, si de su director… probablemente una combinación de todas. Del talento y el trabajo de los muchachos desde luego. Mi enhorabuena a todos ellos porque nos demostraron además que se puede hacer algo más. Que basta con creer en ellos y no tratarlos como “seres a medio hacer”.
Valgan estas reflexiones ahora que, por primera vez entra aire fresco en el Instituto Municipal de Cultura. Ahora que cambian de manos la gestión cultural de nuestra ciudad con lo supone de ganas de renovación, entusiasmo de la gente que entra y buenas intenciones, al menos durante los primeros meses. Quizá alguno de esos dirigentes tome buena nota de estas reflexiones y se plantee hacer algo al respecto. Quizá alguno caiga en el hecho de que el verdadero premio para un muchacho no es una placa o un trofeo sino el derecho de hacer las cosas en condiciones, con educadores preparados para ello, con el apoyo de sus centros y el verdadero reconocimiento de unos políticos que vayan allí para algo más que para hacerse la foto. A este respecto si que tengo que añadir, con todo el desencanto de mi corazón que me encuentro en el grupo de los pesimistas.